Fuente: Caracol 05/07/2007
- 09:45:00
EL ESCRITOR FERNANDO VALLEJO RENUNCIA A LA NACIONALIDAD COLOMBIANA
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Este
es el texto completo en el que el escritor Fernando Vallejo confirma que ya no
se siente colombiano.
"A México llegué el 25 de febrero de 1971, vale decir hace 36 años largos, más de la mitad de mi vida, a los que hay que sumarles un año que viví antes en Nueva York. ¿Y por qué no estaba en Colombia durante todo ese tiempo? Porque Colombia me cerró las puertas para que me ganara la vida de una forma decente que no fuera en el gobierno ni en la política a los que desprecio y me puso a dormir en la calle tapándome con periódicos y junto a los desarrapados de la Carrera Séptima y a los perros abandonados, que desde entonces considero mis hermanos. Me fui a Nueva York a tratar de hacer cine, que es lo que había estudiado, y de allá me vine a México y en pocos años conseguí que Conacite 2, una de las tres compañías cinematográficas del Estado mexicano, me financiara mi primera película, Crónica roja, de tema colombiano. |
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Fernando Vallejo Escritor Colombiano nacionalizado y radicado en México
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Entonces regresé a Bogotá a
tratar de filmarla con el dinero mexicano. ¡Imposible! Ahí estaba el Incomex para impedirme importar el negativo y los equipos;
la Dirección de Tránsito para no darme los permisos que necesitaba para filmar
en las calles; el Ministerio de Relaciones Exteriores para no darme las visas
de los técnicos que tenía que traer de México; la
policía para no darme su protección durante el rodaje y el permiso de que mis
actores usaran uniformes como los suyos y pistolas de utilería pues había
policías en mi historia... Y así, un largo etcétera de cuando menos veinte
dependencias burocráticas con que tuve que tratar y que lo más que me dieron
fue un tinto después de ponerme a hacer antesalas durante horas.Entonces
resolví filmarla en México reconstruyendo a Colombia. En Jalapa, la capital del
Estado de Veracruz, por ejemplo, encontré calles que se parecían a las de los
barrios de Belén y de la Candelaria de Bogotá y allí filmé algunas secuencias.
Con actores y técnicos mexicanos, con dinero mexicano e infinidad de tropiezos
logré hacer en México mi película colombiana a la que Colombia se oponía,
soñando que la iban a ver mis paisanos en los teatros colombianos. ¿Saben
entonces qué pasó? Que mi mezquina patria la prohibió aduciendo que era una
apología al delito. Una apología al delito que se basaba en hechos reales que
en su momento la opinión pública conoció y que salió en todos los periódicos,
la del final de los dos hermanos Barragán, unos muchachitos a los que la
policía masacró en un barrio del sur de Bogotá. A cuantas instancias
burocráticas apelé, empezando por la Junta de Censura y acabando en el Consejo
de Estado, la prohibieron. Nadie en Colombia, ni una sola persona, levantó su
voz para protestar por el atropello, que no era sólo a mí sino al sueño de
todos los cineastas colombianos, quienes por lo demás, sea dicho de paso,
también guardaron silencio. Como yo soy muy terco volví a repetir el intento
con mi segunda película colombiana, En la tormenta, sobre el enfrentamiento
criminal entre conservadores y liberales en el campo cuando la época llamada de
la Violencia con mayúscula, y con igual resultado: no me la dejaron filmar, la
tuve que hacer en México y me la prohibieron, aduciendo que el momento era muy
delicado para permitir una película así. Como yo sólo quería hacer cine
colombiano y no mexicano, ni italiano, ni japonés, ni marciano, desistí del
intento. En alguno de mis libros, aunque ya no me acuerdo en cuál, conté todo
esto pero con más detalle: los camiones de escalera y los pueblitos colombianos
que tuve que construir, los platanares y cafetales que tuve que sembrar en las
afueras de la ciudad de México, los ríos quietos como el Papaloapan que tuve
que mover para que arrastraran los cadáveres de los asesinados con la ira del
río Cauca, la utilería que tuve que mandar a hacer o traer de Colombia a
México, como las placas de los carros y las botellas de cerveza... Nunca
acabaría de contarte cosas. Te lo resumo en una sola frase: Colombia, la mala
patria que me cupo en suerte, acabó con mis sueños de cineasta.
Entonces
me puse a escribir y durante diez años investigué, día tras día tras día, en un
país o en otro o en otro, en bibliotecas y hemerotecas de muchos lados, sobre
la vida de Barba Jacob, mi paisano, el poeta de Antioquia, que durante tantos
años vivió en México y que aquí murió, y acabada mi investigación de diez años
en uno más la escribí y me puse a buscar quién la editara. Se acercaba el año
1983, el del centenario del nacimiento de Barba Jacob, y el Congreso colombiano
se interesaba en ello. No creían lo que yo les contaba del poeta ni los años
que llevaba siguiéndole sus huellas. Me pidieron que les mandara pruebas y les
mandé entonces fotos e infinidad de documentos. Nada de eso me devolvieron, con
todo se quedaron y el libro lo pensaban publicar en mimeógrafo. Les contesté
que eso no sólo no era digno de Barba Jacob, un gran poeta, sino de ellos
mismos, unos aprovechadores públicos que se designaban como el Honorable
Congreso de la República. Que se respetaran. Entonces publiqué mi biografía
Barba Jacob el mensajero en México con dinero de amigos mexicanos. Cuantas
veces me ha podido atropellar Colombia me ha atropellado. Hace un año me quería
meter preso por un artículo que escribí en la revista SoHo señalando las
contradicciones y las ridiculeces de los Evangelios. Eso dizque era un agravio
a la religión y me demandaron. ¡Agravios a la religión en el país de la
impunidad! En que los asesinos y genocidas andan libres por las calles, como es
el caso de los paramilitares, con la bendición de su cómplice el sinvergüenza
de Álvaro Uribe que han reelegido en la presidencia. Desde niño sabía que
Colombia era un país asesino, el más asesino de la tierra, encabezando año tras
año, imbatible, las estadísticas de la infamia. Después, por experiencia
propia, fui entendiendo que además de asesino era atropellador y mezquino. Y
cuando reeligieron a Uribe descubrí que era un país imbécil. Entonces solicité
mi nacionalización en México, que me dieron la semana pasada. Así que quede
claro: esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber
de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso
morir".
Fernando
Vallejo
México,
mayo 6 de 2007
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Otras informaciones sobre Fernando Vallejo
http://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_Vallejo
http://www.caracol.com.co/nota.asp?id=423741
http://www.oem.com.mx/elsoldezacatecas/notas/n268629.htm
Diario el Pais - Articulo